Conoce Los Yébenes Yebenes de Toledo y de San Juan

 

 

YÉBENES DE TOLEDO

Yébenes de Toledo es más antiguo que la villa gobernada por los sanjuanistas y cada uno de ellos fue poseedor de fueros, parroquias y justicia propios. No obstante, desde la antigua Noliva de los carpetanos, por la que pasó el Pretor romano Quinto Fulvio Flaco camino de Toledo y una vez derrotados los celtíberos en Consuegra, hasta la donación del Rey Enrique I al Arzobispo toledano D. Rodrigo Jiménez de Rada, no hay noticia histórica de la población.

Precisamente, El 6 de Noviembre de 1214, el Arzobispo toledano recibe de Enrique I de Castilla, hijo de Alfonso VIII, el Castillo del Milagro y su término que comprendía desde el Puerto de Añover al de Orgaz, y entre estas posesiones se encuentra la población de Yébenes. Este gran territorio se puso bajo el dominio del Castillo del Milagro, creándose así el núcleo originario de las tierras, que posteriormente, se conocieron como Montes de Toledo.

A la muerte de Enrique I, en el año 1217, la corona recae en su primo, el rey Fernando III el Santo, y Fernando también siguió apoyando al Arzobispo en su empeño de repoblar los Montes de Toledo, concediendo a los pobladores de los términos del Milagro, el fuero de cualquier villa o ciudad que eligieran.

En este mismo año, el Arzobispo y su cabildo, lograron una Bula Papal de Honorio III fechada concretamente, el 9 de febrero de 1217, en la que le confirmaba una serie de bienes de la sede episcopal, entre los que figuraba la aldea de Yébenes. Tierras que en estos tiempos fueron patrimonio de colmeneros, pastores, cazadores y ballesteros.

Y el 25 de enero de 1222, Fernando III toma la decisión de donar a Don Rodrigo, una enorme extensión al sur de la actual provincia, incluyendo la parte del territorio de Yébenes, no concedida a la orden de San Juan, la cual pasará a ser llamada en adelante Yébenes de Toledo, como premio a los servicios hechos por el Arzobispo, su Iglesia y vasallos en la guerra con los musulmanes.

Años después, El 20 de abril de 1243, el Rey Fernando III, el Santo recibe del Arzobispo Toledano, acta de cesión de estos territorios, en Valladolid, por medio de un compromiso, en el cual el prelado cedía al monarca varios territorios, entre los que se encontraba Yébenes y San Andrés.

Tres años más tarde, el 4 de enero de 1246, el rey vende este lugar por 45.000 maravedíes alfonsíes al Concejo de Toledo, encontrándose con necesidad de fortalecer las arcas reales, diezmadas por las constantes luchas con los musulmanes. El Concejo de Toledo adquiere la tierra con el señorío y la jurisdicción y será quien conceda la Carta Puebla el 24 de septiembre de 1258.

Estudiosos narran en sus escritos, que para juntar esa elevada cantidad, los toledanos dieron su vajilla y alhajas y las señoras se desprendieron de sus joyas y objetos de valor. Es en esta fecha, cuando este amplio dominio que se extendía desde el Guadiana hasta la Sierra de Ávila se convierte en un señorío municipal, perteneciente al Ayuntamiento de Toledo.

El territorio se dividió administrativamente en siete cuadrillas que englobaban poblados, aldeas y alquerías: la del Milagro comprendía los lugares de Yébenes, Marjaliza, el Molinillo y Retuerta, más diez alquerías. De esta manera, se origina el Señorío Municipal de los Propios y Montes de la Ciudad de Toledo, conformado por un total de 16 poblaciones.

Con la compra de estos territorios a la corona, Toledo pasa asumir el control de la Hermandad de los Montes de Toledo, milicia militar de los aldeanos de la zona, integrándose en ella colmeneros y ballesteros, en su mayor parte mozárabes toledanos que tenían propiedades o colmenas en los montes. Esta situación imprime a la institución un carácter casi gremial.

Esto se encuentra reflejado en Las Memorias para la vida del santo rey Don Fernando III de Andrés Marcos Burriel, dada a luz con apéndices y otras ilustraciones por Miguel de Manuel Rodríguez: confirmación de la Puebla y Castillo del Milagro, construido por el Arzobispo don Rodrigo, hecha por Enrique en 1252, y por san Fernando en 1260. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

El 24 de septiembre de 1258, el Concejo de la ciudad de Toledo concedió a Yébenes de Toledo, el fuero jurídico o Carta Puebla para repoblarlo. Se trata de un documento que sirve para regular los términos y las bases sobre las que se habría de regir la población.

Este otorgamiento se produce de manera rápida, quizás debido a la presión ejercida por los sanjuanistas, orden que dominaba la otra parte de Yébenes, y este hecho influyera en tal decisión. El fuero definitivo y del cual tenemos conocimiento se concedió a sus pobladores el 1 de mayo de 1371, ampliando el otorgado en 1258, quizás para afianzar los contenidos del original y primero.

Las Cartas eran expedidas por los reyes o por los señores y en este documento se encontraban constituciones, ordenanzas, leyes civiles y criminales y una serie de disposiciones que han de repetirse en las concedidas en la época. La mayor parte de las cartas expedidas coinciden en tiempo y forma con los años de mayor intensidad repobladora. La carta puebla aseguraba un gobierno estable en estos lugares. Por tanto, los fueros medievales se otorgaban para llevar a cabo la repoblación y representaban para los concejos, al igual que las ordenanzas municipales, seguridad y respeto, defendiéndose de los posibles abusos.

Las cargas tributarias, los denominados pechos, igualmente quedaban fijadas dentro de sus ordenanzas y cada habitante pagaba en función de sus bienes. Quedaban exentos de pechar los pastores y quinteros.

Para fomentar su repoblación, quien viniera a establecerse estaba exento de pagar impuestos durante diez años, pero debían tener unos buenos fiadores y plantar en el plazo de dos años, dos aranzadas de viñas, en caso contrario la sanción supondría 200 maravedíes de multa. Se les reconoce los mismos deberes que a los otros vecinos.

Los bienes recibidos podían venderlos, empeñarlos o cambiarlos a hombres llanos y labradores como ellos, vecinos del lugar, pero no estaban autorizados a traspasarlos ni enajenarlos a caballeros, dueña, doncella, escudero, vecino de Toledo, clérigo, hombre de origen judío, ni moro. Para evitar abusos y arbitrariedades se autoriza al Concejo y oficiales del lugar, a que hagan ordenamientos que sean beneficiosos a los vecinos. A pesar de los esfuerzos para evitar en lo posible perjuicios a los repobladores, hay noticias que revelan que la forma de efectuar el reparto no era el más idóneo, con claro daño para los más modestos.

El lugar de Yébenes de Toledo, no era la excepción, las quejas también eran continuas en territorio de la orden de San Juan. Detectamos pues un conflicto social entre los débiles, los campesinos y los poderosos y señores, que se irá agravando con el paso del tiempo.

El fuero dado a Los Yébenes, como el otorgado a los otros pueblos de los Propios y Montes de la ciudad de Toledo, establece una especie de feudo concejil, bajo una jurisdicción especial para este dilatado territorio.

La versión que ofrecemos procura aclarar el texto primitivo, actualizando sólo ciertas palabras, que por su grafía pudieran resultar extrañas: Fuero concedido a los pobladores de Yébenes por el concejo de Toledo, aclarando y ampliando al otorgado por el privilegio de 24 de septiembre de 1258.

“Este es traslado de una carta de previllejo escripta en pergamino e sellada con sellos de cera con cuerdas de seda colgadas, de la qual dicha carta es su tenor della este que se sigue: Sepan cuantos esta carta viesen como nos los Alcaldes e el Agualcil e los Caballeros e hombres buenos de Toledo, estando ayuntados en la Iglesia Catedral de Santa Maria de Toledo por combite de los nuestros fieles, según que lo avemos de uso e de costumbre, otorgamos que por que vos el concejo e los hombres buenos de Yevenes, nuestros hijos, nuestros vasallos, nos pedistes merced diciendo en como aviades privilegio vos fue dado sellado con los nuestros sellos de los Alcaldes e el Alguacil, como siempre fue a es costumbre de Toledo, el cual paresce que fue fecho en veinte e cuatro días del mes de setiembre, era de mil e doscientos e noventa e seis años, e eran Alcaldes Mayores de Toledo a esa sazon don Garci Yanes e don Gonzalo Yanes, el Alguacil, Ferrant Gudiel, el cual privilegio nos fue mostrado el traslado firmado cuanto por el parescia que era muy antiguo e las razones de él non eran tan declaradas como cumplen e otro-si porque entendimos que cumple añadir en él, alguna cosa porque cumple así a nuestro servicio e a pro del dicho concejo, del dicho nuestro lugar, mandamos lo fazer e declarar en la manera que aquí se dirá”.

Cuando se produce este hecho, podemos hablar ya con precisión de Los Yébenes, como dos núcleos urbanos con entidad territorial y administrativa propias.

 

 

YÉBENES DE SAN JUAN

Los señoríos medievales fueron causa directa de la división de Los Yébenes en dos poblaciones, una parte bajo dominio de la Ciudad Imperial y otra gobernada por la Orden de San Juan de Jerusalén.

Es en el año 1219, cuando entrega el castillo de Consuegra y el territorio dependiente de él, incluyendo parte del término de Yébenes a los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén. Esta cesión de tierras tenía un propósito tanto militar como repoblador y estratégico, por la necesidad de defender las zonas que se iban reconquistando a los musulmanes, con el fin de consolidarlas y hacerlas productivas económicamente. se hacía necesaria su repoblación.

Los Caballeros de San Juan incitan a la instalación de repobladores en el área de Yébenes que les ha sido asignada. De esta forma nace la población de Yébenes de San Juan, contigua al Yébenes preexistente y ambas poblaciones, aunque sólo separadas por el Camino Real de Toledo a Córdoba y Sevilla, lo estarán durante los siguientes 600 años.

El año de 1238, parece la fecha probable de la concesión de Carta Puebla por parte de la Orden de San Juan al pueblo de Yébenes de San Juan. Todos sus habitantes, dependían de los Priores de la Orden, y esta dependencia se traducía en la práctica, en contribuir con una serie de tributos. Desde Consuegra se nombraba a los Alcaldes, Justicias y Escribanos de Ayuntamiento.

Los yebenosos de San Juan les pagaban impuestos por diversos conceptos: la alcabala, por las ventas que se realizasen, el derecho de villazgo, por la ocupación de las casas, el pecho de San Miguel, en reconocimiento del dominio que la Orden ejercía y los diezmos y primicias que gravaban la producción de trigo, cebada, centeno, avena, aceituna o uva, en definitiva la producción de la tierra que era la mayor riqueza del Priorato.

Durante este periodo, el Prior ordena la fundación del pueblo de Tembleque, instalando en él a doscientos cincuenta pobladores y otorgando a la nueva población, el Fuero de Consuegra. Para ello, se adjudican al nuevo pueblo, terrenos de Yébenes de San Juan, lo que da pie a una serie de enfrentamientos legales por cuestión de los límites entre ambas poblaciones.

El núcleo fundamental de la Encomienda estaba constituido desde sus orígenes, con la fortaleza, existente en época islámica y el hospital de Guadalerzas, rodeados de una dehesa que ha conservado su nombre hasta nuestros días. Con esta configuración se mantuvo esencialmente durante toda la Edad Media. En enero de 1179, Alfonso VIII donó al hospital de Guadalerzas, todas las viñas que tenía cerca. Para esa época ya debía estar establecida la Encomienda Calatrava, ya que un año después su Comendador, Diego Martínez, aparece entre los confirmantes del fuero de Zorita.

Durante el maestrazgo de Nuño Pérez de Quiñones (1182-1198), la Encomienda pasó a denominarse Hospital de Guadalerzas, destacando así su faceta de atención hospitalaria, al situarse en el camino Toledo-Calatrava-Córdoba. En ese período, su Comendador fue Suero Pérez Barroso.

El hospital, según Hervás, había pertenecido a la Orden del Temple y se utilizaba para atender a los miembros de esta Orden y de las de Calatrava y San Juan, aunque no sabemos en qué datos se basa para realizar estas afirmaciones. La fortaleza y el hospital de Guadalerzas se perdieron en la ofensiva almohade del año 1195. Sin embargo, al ser la más septentrional de las fortalezas del Campo de Calatrava, fue también la primera en recuperarse. Así, tras la ruptura de las treguas con los almohades (1211), Alfonso Téllez y Rodrigo Rodríguez, al frente de algunos toledanos, tomaron la torre de Guadalerzas con ayuda de máquinas de guerra. Posteriormente pasaría de nuevo a manos de la Orden de Calatrava.

A partir de entonces, se dedicó a su función hospitalaria asentada en la explotación agropecuaria de la dehesa circundante. A pesar de esto, o acaso por ello, en 1217 ya existía allí una iglesia perteneciente al Arzobispo de Toledo con la décima parte de todas las rentas reales. Entonces el Comendador era don Gómez Manrique. Hacia mediados del siglo XIII la iglesia se mantenía y sus parroquianos debían dar la tercera parte del diezmo al arzobispo, de lo que se deduce cierta presencia poblacional. El hospital mantuvo su importancia durante este siglo, tanto es así que, el Comendador llegó a ser conocido como Comendador del Hospital. Sin embargo, la estructura económica de la encomienda estaba cada vez más estrechamente relacionada con su estratégica posición en el camino de Toledo a Córdoba.

La fortaleza defendía el paso obligado entre las tierras toledanas y el Campo de Calatrava y al mismo tiempo delimitaba los términos del señorío calatravo frente a las tierras de la Orden del Hospital y a la villa toledana de Los Yébenes.

En cuanto a la repoblación de esta parte de Yébenes por los sanjuanistas y con la obtención de la Carta Puebla, a comienzos del S. XVI, acontece un hecho muy importante en la evolución de la villa, su transformación en Encomienda.

Una encomienda, en su origen, fue el conjunto de territorios y beneficios adscritos a una Orden Religiosa, en este caso, a la Orden de San Juan, para su administración y usufructo, tierras recién conquistadas a los árabes y habitadas por forasteros venidos de otros lugares para poblarlas, y gobernarlas y dominarlas por los caballeros sanjuanistas.

Sus habitantes por tanto vivían bajo el mando de los monjes de la Orden de San Juan, venidos de otros lugares para repoblar estos dominios, reconquistados a los moros, aunque siempre con el miedo en el cuerpo, y por tanto, su inseguridad les producía su nomadismo, por lo que lejos de asentarse en un núcleo compacto, se esparcieron por la llanura, para hacer más prolongada la linde de sus dominios hasta marcar el Finibusterre o de los confines de la tierra.

La historia de Yébenes de San Juan, en la Edad Moderna y contemporánea, será objeto de otro estudio. Si podemos adelantar que durante siglos, conviven dos núcleos urbanos, con parroquias, ayuntamientos y jurisdicciones diferentes, hasta que en el gobierno del Trienio liberal (1.822) llega el primer ensayo unificador, anulado al año siguiente. Entre 1.833 y 1.835, se consigue la unión definitiva que acaba con 564 años de división jurídica y administrativa. El escudo heráldico da cuenta de esta división, representado por el águila de la ciudad imperial y por la cruz de S. Juan.

1 panorámica nocturna de los templos red

 

   

 

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4 panorámica desde el jardín red

 

 

  

5 Los Yébenes desde la atalaya red

 

  

 

6 Detalle. Barandilla en Pza. de la Fuente Nueva. red

 

  

 

7 San Juan preside la villa sanjuanista red

 

  

 

 

8 fuente Plaza Arroyada red

 

  

 

 

9 vista de Yébenes de San Juan red

 

 

 

 

10 vista de Yébenes de San Juan1 red 2